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ANTOINE DE SAINT-EXUPERY

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"El tesoro del parque" publicado el Domingo 09 de Marzo de 2014...

 


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Aquel Domingo una jovencísima e inocente niña miraba al suelo y eso era algo poco corriente.

Primero fue un señor de unos cuarenta quién aterrizó cerca del rollizo cuerpo juvenil. Más tarde una pareja de cincuentones salió despedida desde una de las zonas más alejadas de aquel parque umbrío y con menos luz que un candil.

La pequeña se acercó a un antiguo banco demadera con base, sujeciones y junturas de metal.

-Puedes sentarte sobre mí- atronó una voz ronca como de fumador.

La cría no movió ni un músculo.

-¡Lo siento si te he asustado, llorosa, pero no te voy a lanzar! ¿entiendes?

La niña salió corriendo, aterrorizada.

* * * *

- ¡Has vuelto!- gruñó el banco al día siguiente casi con alegría.

La chica aguantó un rato junto al banco, sin sollozos, para irse unos diez minutos después.

* * * *

Su pequeña presencia se plantó delante del banco un día más tarde.

- Hoy espero sacarte una sonrisa, por fin, y confío en averiguar tu nombre... llevo aquí más de sesenta años y he visto mucho...

La chica le miró con atención.

- Sé en qué lugar la gente oculta sus tesoros, no es lo que tú esperas pero podemos encontrar cosas valiosas, si te digo donde puedes buscar ¿deseas encontrar un tesoro?

Ella asintió subiendo y bajando repetidamente su cabeza y despeinando su denso pelo rizado selva negra.

- Lo primero de todo, cuenta cien pasos y marca el punto donde estás, luego anda veinte pasos más a la izquierda y ve por aquel lugar de hierba alta, avanza decidida chica...

La pequeña comenzó a ganar metros apartando y aplastando la hierba.

- Ahora gira a tu derecha y sigue avanzando

Un rato después el banco volvió a la carga.

-Unos metros más hacia mí excava un poco, creo que era en ese lugar donde estaba...

Con ganas, ella cavó un pequeño agujero.

- Oh, mi memoria no es lo que era, acabo de recordar que estaba más a tu derecha, ah, y aparta esa papelera para que no te moleste mientras buscas...

Contrariada, la pequeña volvió a excavar un nuevo hoyo.

- ¡Ya está! -gruñó la chica algo molesta- ¿dónde está el tesoro que me has prometido?

- Ven y te lo diré...

La morena de pelo rizado se sentó en el banco, esperando algo bonito, tal vez un juguete.

El banco la lanzó sobre la rama de un árbol cercano.

La visión de una pequeña mariquita sobre la propia rama pronto se desvaneció al ver la expresión del árbol, quien con una de sus ramas lanzó a la chica sobre su propia copa.

La farola situada al lado del banco se encendió iluminando al máximo el prado sobre el que la chica había estado cavando no hacía ni un momento.

En el suelo apareció una bonita imagen. Se adivinaba la cabeza de una chica de pelo rizado, en realidad la hierba aplanada por unos pequeños pasos, los dos agujeros excavados parecían sus ojos, la papelera tumbada su nariz y la marca en el suelo la sonrisa de su boca.

- Me llamo Victoria- gritó la pequeña riendo roja de alegría.

 

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